Un perro, dos dueños y una lección para las marcas
Hay un trend que estuvo apareciendo mucho en TikTok.
Una pareja se para con su perro en el medio. De repente, ambos salen corriendo en direcciones opuestas. El perro duda apenas un segundo... y sale disparado detrás de uno de ellos. Después cambian de lugar, repiten el ejercicio e intentan confundirlo. Corren más rápido, lo llaman con más entusiasmo, hacen todo lo posible por captar su atención. Sin embargo, el resultado casi siempre es el mismo: el perro vuelve a elegir a la misma persona.
Mirá el Tik Tok acá: https://vt.tiktok.com/ZS4NhPKor/
Mientras veía esos videos pensé en esa eterna búsqueda humana de ser elegidos, o por qué elegimos una opción entre muchas y, sobre todo, por qué volvemos a elegirla cuando aparecen nuevas alternativas.
Este mismo desafío es el que enfrentan las marcas todos los días.
Vivimos obsesionados con captar la atención. Y tiene sentido: una campaña puede generar alcance, una promoción puede disparar las ventas y una buena idea puede volverse viral de un día para otro.
Pero la atención no es la meta, es apenas el punto de partida, porque la atención abre la puerta pero la preferencia decide quién entra. Una campaña puede hacer que alguien te descubra, pero no garantiza que vuelva a elegirte cuando tenga otras opciones delante.
Si la carrera empieza cuando aparece la competencia y la elección, en cambio, empieza mucho antes, ¿qué hace que una marca deje de ser una opción más y se convierta en "la elegida"?
La respuesta está en entender qué es realmente una marca.
Una marca no es solo un logo, una campaña o un claim. Es el conjunto de percepciones, experiencias y expectativas que hace que una persona confíe, elija, vuelva a elegir y recomiende un producto o servicio.
Para construir ese vínculo se necesita trabajar dos dimensiones inseparables: la envoltura y la sustancia.

La envoltura es todo aquello que hace que una marca sea reconocible: su identidad visual, el logo, los colores, la tipografía, el packaging, el tono de comunicación, un slogan o incluso un sonido característico. Es lo que permite destacar entre cientos de estímulos, captar una mirada en un feed infinito o sobresalir en una góndola llena de competidores.
En otras palabras, la envoltura hace que te encuentren.
Pero ser encontrado no es lo mismo que ser elegido y ahí entra en juego la sustancia, que es todo aquello que una persona experimenta cuando entra en contacto con una marca: la calidad del producto o servicio, la experiencia, el propósito, la coherencia entre lo que promete y lo que entrega, la cultura que transmite y las emociones que despierta.
Volviendo al ejemplo del video de TikTok, si la envoltura consigue que el perro te vea, la sustancia es la razón por la que decide correr hacia vos. Es el momento en que una persona deja de pensar "conozco esta marca" y empieza a sentir "esta marca es para mí".
Y ahí nace el verdadero valor de marca, porque cuando la envoltura y la sustancia trabajan juntas, la marca deja de competir únicamente por atención y empieza a ocupar un lugar mucho más valioso: la memoria y el corazón de las personas.
Las tendencias globales apuntan justamente hacia esa dirección, en un contexto donde todos tenemos más canales, más contenido y más herramientas para captar atención, la verdadera ventaja competitiva ya no está en hacer más ruido sino en construir marcas con códigos propios, experiencias memorables y vínculos capaces de sobrevivir a la próxima promoción, al próximo descuento o a la próxima campaña del competidor.
La publicidad puede hacer que alguien te mire, una promoción puede lograr que te pruebe, pero solo una marca sólida consigue que, cuando llegue el momento de decidir, las personas vuelvan a elegirla.
Así como el perro, que no corre detrás de quien hace más ruido ni de quién corre más rápido. Corre hacia quien construyó el vínculo mucho antes de que empezara la competencia. Su elección ya estaba tomada antes incluso de empezar la carrera.
por Alicia Islas, Directora General Creativa de Ojo de Pez