El arte de ser gente

Me pidieron que escriba un artículo sobre un tema a elección, nunca publiqué un artículo en un blog o algo parecido así que la inseguridad ocupaba un lugar importante en el proceso de llevar a cabo la tarea.

A medida que se acercaba la fecha de entrega me desesperaba porque no tenía idea sobre qué escribir. Podría ir por lo seguro y hacer un artículo sobre “tips de diseño gráfico” o “cómo ser un buen director de arte” o directora en mi caso. Ok, no iba a escribir sobre nada de eso porque a pesar del cargo que ocupo o la trayectoria que tengo no me siento tan cómoda dando ese tipo de consejos públicamente.

Decidí hablar sobre qué es ser “gente” en este rubro y si es posible serlo.

Sabemos que por definición la palabra “gente” es el sustantivo colectivo de personas, pero en las conversaciones cotidianas lo solemos usar como un adjetivo positivo o una virtud, ejemplo: fulana o fulano “es gente”. En este artículo lo usaremos de esa manera.

“Ser gente” en un contexto laboral publicitario se puede ejemplificar en distintas situaciones:

Trato entre compañeros: el hablar de frente sin miedo, con respeto y no escudarse en el mail para decir las cosas que se deben decir en la cara. Los compañeros de trabajo son nuestro equipo no nuestros rivales.

Como directores creativos o de arte: ser gente es pasar con criterio y objetividad y no hacer comentarios degradantes o con un tono soberbio, nuestro trabajo es enseñar y pulir los talentos. Es importante conocer la actividad de todo el departamento y el modo trabajo de cada uno, para poder dirigir con propiedad.

Nuevos talentos: podés tener grandes ideas pero eso no significa que funcionen y que sean aplicables. Siempre es importante escuchar, asimilar y saber manejar las críticas. Hay gente con años de experiencia que ya conoce los resultados de ciertas acciones.

Con las ideas frescas de gente joven y apasionada, sumada a la experiencia de quienes ya llevamos más años en esto, se pueden llevar a cabo proyectos que realmente funcionen para el cliente y los consumidores.

A diferencia de otros lugares de trabajo el ambiente de las publicitarias es más relajado en el sentido de formalidad, inclusive en el relacionamiento con los directores. Hay como un aire de juventud, juego y diversión, casi siempre, lo cual está bueno para crear. La juventud es sinónimo de despreocupación, libertad, pensar fuera de la caja y miles de cualidades que cada vez que nos hacemos más grandes vamos perdiendo.

Además de todo este ambiente relajado y divertido que mencionamos antes, tenemos un lado súper competitivo entre agencias por cuentas o premios y entre compañeros de trabajo por puestos o notoriedad, que está bueno siempre y cuando se controlen los egos. Por lo general, este último aspecto, el ego descontrolado es lo que opaca todos los aspectos positivos de nuestro rubro y es la percepción que la gente en general tiene de nosotros.

Tener un poquito de ego (o amor propio) es esencial para sobrevivir y sobresalir en este trabajo ya que el 90% de las veces uno debe lidiar con rechazos o comentarios no muy agradables, a veces con razón y otras veces sin sentido, por parte de clientes y jefes. Nadie en este ambiente es ajeno a esto pero cuando la pegamos con una campaña o idea pequeña es la sensación más genial que hay y la satisfacción de saber que venir a batallar todos los días vale la pena, y es ahí cuando nuestro ego se siente mimado.

Todas esas frustraciones y rechazos quedan atrás y creemos que somos los genios de la creatividad, muy bien, hay que creer en uno y aplaudirse los éxitos (“si vos no te querés, nadie te va a querer” me decía siempre mi mamá). Podés llevar a niveles impensables al ego y convertirte en una persona insoportable, o parar la pelota, respirar y acordarse de ser gente. Si bien nuestro trabajo es importante, lo amamos y queremos sobresalir, no estamos por encima de nadie y esta es una verdad en cualquier contexto.

En conclusión, no nos olvidemos donde estamos y ni nos olvidemos de “ser gente”. A pesar del cargo, las responsabilidades, el día a día, el stress o la buena onda siempre recordemos esa pequeña humildad que hace que logremos las mejores cosas.

Por: Mar Volpe / Imagen: Nación Rex

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