#NoSoloEsMarcela "Luis Miguel: La Serie" visibiliza la violencia de género

Atención: este artículo contiene spoilers.

Este domingo se emitió el último capítulo de Luis Miguel, la serie en Netflix. La vida del cantante mantuvo en vilo a los espectadores mexicanos, quienes dieron cuenta de la vida del cantante mexicano. Uno de los detalles que más han llamado la atención en redes sociales fue la desaparición de su madre Marcela Basteri.

Pero Basteri es solo un ejemplo público de un problema creciente. La fundación Non-Violence Project (NVP) dio a conocer una campaña con el hashtag #NoSoloEsMarcela para hacer visible el número de mujeres desaparecidas.

De acuerdo con cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, han desaparecido 8.495 mujeres entre enero de 2008 y octubre de 2017 y la cifra crece año con año. “Aprovechamos el éxito que la serie sobre la vida del cantante está teniendo no sólo en México, sino a lo largo de toda Latinoamérica para darle amplificación al problema y hacerlo más presente en la mente de la gente”, detalla la fundación.

Luis Miguel fue un niño artista explotado por su padre y hoy es un hombre triste que hace treinta años no ve a su mamá. Detrás del retorno triunfal del cantante hay un cambio de fórmula: la balada de amor romántico que sonaba en nuestros corazones se ha convertido en himno filial, en amor de hijo; el bolero del desengaño en la elegía del huérfano. El hombre maduro es un niño maltratado congelado en el tiempo. El artista exitoso, alguien que ha perdido. Esa es la eterna magia del pop.

Durante años, la madre desaparecida fue un tema incómodo, rodeado de silencio, al que Luis Miguel contestaba con evasivas. Solo ahora, gracias a esta biografía audiovisual autorizada por el artista, quedan pocas dudas de que la italiana Marcela Basteri fue una víctima de la violencia de género. El más grande villano de la historia es el padre del cantante, Luisito Rey, un hombre sin escrúpulos, un charlatán sediento de poder, dinero y fama, y un machista extremo.

Según la serie, basada en la biografía del periodista español Javier León Herrera, Marcela había vuelto a Italia, a la casa de su padre, tras su separación de Luisito Rey, sumida en una profunda depresión. En torno al mes de agosto de 1986 viajó a Madrid para reunirse con su ex marido y con su hijo mayor, a quien llevaba mucho tiempo sin ver. Pero, según el periodista, allí solo estaba Rey, quien fue el último en verla antes de desaparecer sin dejar rastro. Para León Herrera “murió por causas no naturales”, aunque nunca ha dicho de qué manera. Tampoco Luis Miguel.

La bioserie por momentos insinúa y por otros acusa a Luisito Rey de prostituir a Marcela, de desaparecerla y probablemente hasta de asesinarla o al menos empujarla al suicidio; de alejarla de sus hijos —en la conocida dinámica machista de usar a los niños para castigar a la mujer— y de ocultarles a ellos las verdaderas razones de su ausencia. También de mantener a otras mujeres mientras ella paría a un bebé prematuro y cuidaba de la casa y a otro hijo pequeño. De marginarla de la carrera y de la vida de Luis Miguel, lo que causó su depresión.

Luis Miguel y sus hermanos también fueron víctimas de Luisito. Drogó a Luis Miguel con efedrina cuando era menor de edad para que soportara el ritmo del negocio y, durante la década en que fue su representante, lo manipuló y estafó. Tanto maltrato llevó al hijo a romper con el padre, pero a Marcela Basteri nadie la volvió a ver.

Más que sus innumerables romances, más que la historia de su precocidad, su talento y mucho más que la lenta cocina de su éxito, lo que tuvo enganchados a miles de espectadores es el misterio detrás de una ausencia. De pronto, la biografía de una celebridad importa más en tanto se ha construido sobre ese silencio: la invisibilización de la violencia machista en uno de los continentes más peligrosos para ser mujer. Catorce de los veinticinco países del mundo con las tasas más elevadas de feminicidio están en América Latina y el Caribe y, según la Organización Mundial de la Salud, es la región con la mayor tasa de violencia sexual fuera de la pareja y la segunda mayor tasa de violencia por parte de la pareja o ex pareja. Pero también en América Latina se han gestado algunos de los movimientos de emancipación femenina más potentes de los últimos años, empezando por Ni Una Menos y un intento por combatir el silencio del acoso y la agresión sexual.

¿Por qué esperó tanto Luis Miguel para hablar del agresor de su padre y de su madre víctima? Cuando Luis Miguel estaba en la cúspide de su fama, según un periodista, se llegó a hacer un estudio de mercado y llegaron a la conclusión de que la madre desaparecida —no muerta, no violentada, no asesinada— elevaba su aprobación y atracción entre las mujeres, porque desataba las ganas de protegerlo, el instinto maternal de sus seguidoras incondicionales. Eso le hacía vender más discos. Durante los años en que todavía daba entrevistas, Luis Miguel mostró de alguna manera un bocado de su dolor: declaró seguir esperando el regreso de su madre, que volver a verla sería su mejor regalo. La ausencia de la madre fue debidamente romantizada y aprovechada para la mercadotecnia. Luis Miguel solo hablaba de amor, no de odio. El negocio, mientras tanto, siguió floreciendo sobre ese silencio.

Pero si antaño callaba para proteger su carrera, hoy parece hablar para salvarla: nuevo disco; los conciertos de su gira más reciente, agotados, y el relato de su vida batiendo récords de audiencia. Cada semana un capítulo nuevo nos dejó claro que Luis Miguel luchó durante años por encontrar a su madre viva, pero lo hizo con absoluta reserva, contrató detectives privados, visitó hospitales y hasta pidió ayuda a un expresidente de México para que a través de la Mossad, la agencia de inteligencia israelí, dieran con su paradero.

Son tiempos reivindicativos y detrás de la explotación comercial de la verdadera historia de Luis Miguel se esconde una denuncia. La serie hace las veces de una herramienta de visibilización de la tragedia y un intento de señalamiento. Y en ese sentido, el relato de esos hechos pasa a formar parte de un debate mayor, porque él, también una víctima de su padre, ha decidido por fin hacerlo público, compartirlo. Su drama sale de la pantalla y empieza a incidir en el mundo de afuera: Luisito Rey hoy es uno de los personajes más odiados de México. En plena eclosión feminista, el drama de Marcela ya no solo les pertenece a Luis Miguel y a su familia, les pertenece a todos los que luchan contra la violencia machista en Iberoamérica y son responsables de que forme parte, de ahora en adelante, de la memoria colectiva de las víctimas.

En una escena muy virulenta de uno de los últimos capítulos, Luisito le exige a su hijo decidirse: “¿Te quieres ir a vivir con tu madre o con tu padre, que a la vez es tu mánager? Piensa en tu carrera. […] Tienes que escoger”. A partir de ese momento, Luis Miguel elige sobre qué callar. Fue la última vez que vio a su madre. Eso explica su dolor y esta insólita terapia y resarcimiento vía Netflix.

Marcela no va a volver, y la serie es lo más cerca que alguien ha estado de hacerle justicia. Pero podría ser solo el comienzo. Y la justicia para ella algún día podría ser justicia para las más de mil mujeres que mueren cada año en América Latina por violencia de género.

FuentesThe New York Times / Verne / Imagen: The New York Times

Categorías

Nube de etiquetas