Leer. Mirar. Contar

Soy antisocial desde el sexto grado. No sé por qué, pero quiero creer que fue el universo llevándome hacia mi primer amor: Don Quijote de la Mancha; y aunque sus letras y palabras me exigían demasiado, esas letras y palabras me habían abierto los ojos hacia un submundo tan perfecto que solo consigue hacerse más hermoso en cada nuevo libro.


Porque en cada palabra está escondido un pincel y en cada párrafo una obra de arte. Cada atardecer o amanecer se puede pintar sin tocar una sola gota de témpera o lápiz de color, y eso es mágico, casi irreal. 

Pero ese submundo también tiene matices oscuros, obras enteras que en lugar de trasladarte a un lugar de sueños y sonrisas te hacen arrugar la nariz y preguntarte ¿QUÉ ES ESTO? Así conocí Crepúsculo. 

Sí, leí Crepúsculo. Pero si algo bueno que saqué de ese mundo de vampiros que brillan, es que sin darme cuenta me había mostrado lo que más adelante sería mi amor hacia las películas.

No, no amé Crepúsculo; pero la duda de saber si la película conseguía hacerlo mejor me llevó a verla. Resultado: empecé a dudar del poder de las historias plasmadas en pantallas gigantes y lentes rojo y azul. Pero el bichito de la curiosidad estaba ahí y algo me decía que tenía que haber algo más en las películas. Así llegué a una galaxia muy muy lejana. 


Star Wars tiene un orden cronológico, un orden en el que fueron lanzadas, y aunque hoy para la gran mayoría esto sea tan normal, Star Wars marcó una diferencia, Star Wars rompió esquemas, Star Wars se cagó en las matemáticas que nos enseñaron de chicos. Nos dijeron que era 1, 2, 3, 4 y Star Wars decidió empezar por el 4.

Aún así la vimos y la entendimos, y si eso no es una manera genial y excelente de contar una historia no se qué es, quizás solo podría compararla con RAYUELA, de Julio Cortázar, que tiene 2 maneras de leerla y sigue teniendo sentido. 


Y básicamente en esto se resume o se basa para mí la creatividad, en contar historias.

Porque una historia puede ser contada de mil maneras distintas, pero encontrar la correcta es lo que hacemos todos los días. Es así que si necesitamos inspiración para un 14 de febrero podemos sentarnos a mirar The Notebook, o si necesitamos algo para Halloween podemos hojear un libro de Stephen King y encontraremos al menos dos palabras que nos ayuden a hacer clic y nos prenda la lamparita. 

En resumen, porque esto ya se hizo largo, hay películas que nos enamoran con su arte -como Swiss Army Man o The Shape of Water- y libros que nos dan cátedra sobre contar historias -como It o Rayuela-. Así, cada vez que la inspiración me falla, sé que siempre hay una buena peli o un buen libro que me están esperando para darle esa vuelta de tuerca a lo que quizás hasta ya estaba escrito en mi bocetero.


Por: Leila Girett / Imágenes: Ceros / Suu News / The movie clips / MDZ / Pond 5

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